El huracán Patricia y lo que he aprendido sobre desastres

Ciencias | Educación | Nunca Antes Visto 2 2 Comments

Conducía el viernes por la mañana hacia mi trabajo matutino escuchando RMX. Escuché a alguien en la cabina de Gonzalo Oliveros (@GOliveros) describir con datos la magnitud del tamaño, velocidades, milibares del ahora Huracán Patricia, y cómo lo describían como el huracán más poderoso hasta la fecha. Escuché a Gonzalo cuestionar a quien describía dichos datos más de una vez: ¿estás seguro de lo que estás diciendo? ¿estás completamente seguro? Mientras le respondían con datos, le daban información sobre la posibilidad de llevar mascotas a los refugios, evitar las carreteras, retirar los elementos que pueden convertirse en proyectiles de las azoteas, etc.

Hubo operativos de las autoridades desalojando turistas, evacuando zonas, llevando gente a refugios, tomando su responsabilidad en serio, inclusive reguardando las zonas evacuadas de posibles motines de ladrones… como tal vez nunca antes había visto a las autoridades mexicanas actuar.

A la par, observé personas aún con un grado de licenciatura desestimarlo todo. Hay todo un análisis con datos, serio, “científico” (aunque muchos alejados de la ciencia y cercanos a la mercadotecnia usan el término abaratándolo) que puede hacerse del fenómeno, explicar tanto cómo se convirtió en un huracán de dicha magnitud y cómo la orografía de toda la zona occidental del país sirvió de protección, pero aún así, el evento fue real: sí llegó a las costas de Jalisco con vientos arriba de 300 km/hr en categoría 5 (Milenio) y sí tomó más de 12 horas después de tocar tierra (menos de 16 horas según la descripción de la NASA) para que se degradara a tormenta tropical.

Hay hechos innegables que evidencían la afectación para algunos del evento. En Michoacán, hay más de 400 viviendas afectadas, inundaciones severas en las comunidades de Coahuayana Ejido, Boca de Apiza y San Vicente. Se afectaron por lo menos 2000 hectáreas de plátano (70% de la producción total de Coahuayana), afectando a más de 3000 familias en sus fuentes de empleo (El Universal). Tal vez sea el morbo, lo que haya hecho esperar a la gente “una gran tragedia”… en lugar de apreciar lo interesante de un fenónemo masivo desarrollarse como lo hizo y contar con las posibilidades de conectividad tecnológica de aprender de él, mejorando en el futuro la respuesta a este tipo de eventos -hasta donde la meteorología, siendo el área de estudio con más permiso de ser imprecisa… tal vez les falte leer sobre la Teoría del Caos-. En Jalisco, Mascota sufrió inundaciones serias (Azteca noticias) y Cihuatlán también fue de los más (AF medios) junto con regiones aledañas a Tomatlán (Azteca noticias) que perdieron hectáreas de sembradíos.

También hay medios de comunicación que considero absolutamente irresponsables por alentar la idea de que la población “fue engañada” durante todo el evento. ¿Qué propósito persiguen estos medios de comunicación? ¿Que la próxima vez que haya una alerta la población la desestime como suelen hacer los mexicanos y arriesguen su vida innecesariamente?

La gente tiene derecho a tener toda la información completa, y tiene la obligación a desarrollar un criterio ante la información. Así como Gonzalo en su programa de radio al decir: ¿estás completamente seguro de lo que estás diciendo?

Como docente entiendo que dar una instrucción a un grupo de personas no se parece nada a dar una conferencia de una hora explicando de pe a pa, dar una instrucción significa ser claro, breve y conciso. Haz esto. Aléjate de la zona costera. Busca un refugio. Lleva contigo documentos importantes. Es trabajo y obligación de la gente, atender y evaluar críticamente todo el escenario sin poner en riesgo su vida.

Mis estudiantes preguntaron en más de una ocasión si la información que escuchaban significaba que Guadalajara iba a recibir un huracán -con tono preocupado-… respondí con la mejor información que tuve en cada ocasión explicando que desde “mi” perspectiva no experta, lo que tendríamos sería lluvias y viento. Dado que vivimos en una ciudad que no tolera la lluvia sin inundarse, esa era realmente la amenaza local en caso de que hubiera lluvias persistentes. La gente tiene derecho a saber que algo pasa y formar un criterio bajo el cual actuar. Es y será siempre obligación de los medios de comunicación informar y mantener a la población del lado “seguro”.

Era muy pequeña el 22 de abril de 1992. Vivía en el Alamo Industrial. Yo no sabía que desde el 19 de abril, la gente de la que se convertiría en la famosa calle Gante se quejaba por el olor a hidrocarburo. Lo que sí sabía en esa época era que mas de alguna vez los bomberos habían visitado mi escuela primaria y nos habían dicho que para tener fuego se necesitan 3 elementos: oxígeno, combustible y una chispa. Si hoy le pregunto a mis alumnos, todos me saben decir eso “by heart”. En esa época yo tampoco sabía lo que significaba la frase “100% de explosividad”, aunque más tarde ese día entendí sus efectos. Después de que a las 10:05 am explotara el Colector Intermedio de Oriente de Guadalajara dejando un saldo oficial de 212 muertos, 69 desaparecidos, 1470 lesionados, ocho kilómetros de calles destruidas, 1142 viviendas, 450 comercios, 100 centros escolares y 600 vehículos afectados (Efemérides UDeG), aunque por cierto, nadie que viviera en Guadalajara en esa época cree que sólo murieran 300 personas, hay testimonios que contradicen dicho estimado.

Ese día mi mamá estaba enseñando a conducir a mi hermano mayor, estábamos dando vueltas por la calle a las 10:05 am, y justo al pasar por una alcantarilla que “voló”, vimos salir a toda la gente de sus casas con cara de miedo. Al llegar a casa vimos a mi papá asustado porque estaba trabajando debajo de un vocho sostenido por un gato, cuando sintió “un temblor” repentino y pensó que le caería encima. Mi papá escuchaba las noticias asiduamente (Notisistema) y decidió muy pronto sacarnos a mi mamá, mi hermano y a mi de la casa, y llevarnos a casa de mi abuelita. Salimos sin ropa, y hasta sin la mascota en turno (una periquita). Pasaron muchos años sin que yo retomara el concepto de “100% de explosividad” para darle sentido ingenieril, pero cuando mis papás retornaban a la zona evacuaba para sacar cosas, ropa, a la mascota… claro que daba miedo que “algo más” pasara mientras ellos estaban ahí.

Un niño de primaria entiende que se necesitan tres elementos: oxígeno, combustible y una chispa. Obviamente es muy simplista ver el desastre desde este punto de vista, pero cualquiera de esos “300 muertos” hubiera de seguro apreciado tener la información mediática y que se le solicitara acudir a un refugio dado el hecho inminente de que había una enorme cantidad de hidrocarburo en las alcantarillas abajo de su casa, esperando por oxígeno y una chispa, en lugar de formar parte de una cifra de desastre. La orden de las autoridades en ese momento fue: abran las alacantarillas (que en la cabeza de alguien sonaba “haz que deje de oler” en lugar de “den oxígeno a la mezcla”) y no le digan a la gente que están en peligro. ¿Podría la gente haber tenido elementos para decidir por ellos mismos qué hacer? ¿Podía el gobierno haber actuado de una manera mejor? ¿Hubiera la información honesta y abierta evitado pérdidas humanas?

¿Por qué algunos medios de comunicación y buena parte de la población prefiere la postura de “pff, qué exagerados, mentirosos”? ¿Por qué hasta cuando por primera vez en la historia las autoridades cumplen con su deber y cuidan a los ciudadanos no se investiga, lee y toma criterio ante los hechos?

¿Cuántas vidas se habrían salvado en el D.F. en 1985 de haber considerado de manera crítica al Presidente cuando dijo mandó a la gente a dormir porque nunca hay un terremoto dos veces en el mismo lugar?

¿Qué necesitamos como población para entender que hay que recibir la información, atender las precauciones y prender el cerebro mientras indagamos de manera crítica de qué se trata? Entre quienes piensan que todo fue una mentira y quienes creen que para la otra “hay que hacer nada mas que rezar”, aunque las autoridades hayan hecho su trabajo, estamos fritos.

No se trata sólo de situaciones de emergencia, hay cantidad de verdades científicas que se tornan en mentiras o la gente convierte en mitos. El criterio no se forma sólo por atravesar una puerta de una escuela, o por ver televisa, se forma leyendo, cuestionando, indagando. El trabajo de los investigadores y expertos es informar. El trabajo de todos los demás, es informarse. Me encanta la manera de Valeria Edelztein de expresarlo:

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  1. ¿Por qué algunos medios de comunicación y buena parte de la población prefiere la postura de “pff, qué exagerados, mentirosos”?

    Porque algunos tenemos criterio y experiencia

    ¿Por qué hasta cuando por primera vez en la historia las autoridades cumplen con su deber y cuidan a los ciudadanos no se investiga, lee y toma criterio ante los hechos?

    Porque sabemos que las autoridades no son confiables

  2. Rechazar una idea por el mensajero “SIN CONSIDERAR LA IDEA”, no es ejercer criterio científico.

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